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marzo 16, 2008

José Agustín Ortiz Pinchetti - Qué fue de Calderón

El despertar


José Agustín Ortiz Pinchetti
jaorpin@yahoo.com.mx

  • Qué fue de Calderón

No tiene chiste criticar a Mouriño, es como pegarle a un ciego. ¿Por qué mejor no indagamos cómo ha llegado Felipe Calderón al atrapamiento en el que está? Lo conocí cuando fui consejero del IFE y después. Aunque me chocaron su moralismo, soberbia y desplantes reaccionarios, me parecía congruente y recto. Se opuso a la penetración del Yunque en el PAN y criticó el tráfico de influencias de Diego Fernández de Cevallos. Por lo menos hasta 1996 se mantuvo dentro de los márgenes de la ética, fiel al ejemplo de los fundadores del PAN, entre ellos su propio padre.

Conforme fue ascendiendo, fue perdiendo su estructura. Apoyó el atraco del Fobaproa; guardó un silencio cómplice con el desafuero. Autorizó la campaña sucia en 2006 y una elección fraudulenta, ilegal e injusta que lo encumbró. Su operadora fue nada menos que Elba Esther Gordillo, experta en fraudes electorales de los que fue víctima el PAN.

Lo repetiré: como decía Maquío (Manuel Clouthier): el que se roba las urnas, después se roba las arcas. Calderón empezó robándose las arcas para después robarse las urnas. Cuando se dio cuenta que necesitaba adquirir cantidades multimillonarias para enfrentarse a sus adversarios por la Presidencia dentro y fuera del PAN, organizó una pandilla de atracadores que se enriquece con contratos ilegales con Pemex. Ahí brilla Mouriño. Las revelaciones recientes son una hebra que conducirá a la madeja. Leer más

febrero 22, 2008

LUIS JAVIER GARRIDO, LA CONEXIÓN GALLEGA

Luis Javier Garrido

La conexión gallega

Los acontecimientos de las próximas semanas serán decisivos para el futuro del país en las siguientes décadas, de ahí el nerviosismo del gobierno de facto, que no deja de cometer tropelías que comprometen seriamente los intereses de México.

1. La disputa por el petróleo de México, que el gobierno ilegítimo está comprometido a entregar cuanto antes a las multinacionales, está determinando un enrarecimiento de la vida pública pocas veces visto en tiempos recientes, debido a las acciones de los aventureros de la política que pretenden “gobernar” al país.

2. El estallido en la capital de un artefacto de fabricación militar llevado por un agente de seguridad, el viernes 15, ha sido entendido, y con razón, por amplios sectores, como una maniobra torpe del gobierno federal, tendiente a traer al Distrito Federal el escenario de violencia que ha generado en el país, ahora con un objetivo central: desprestigiar al gobierno capitalino al involucrarlo en la supuesta lucha antidrogas, lo que hasta ahora no ha podido hacer, y así imbricar al jefe de Gobierno Marcelo Ebrard en una lógica de reconocimiento del poder espurio a fin de distanciarlo de Andrés Manuel López Obrador y, sobre todo, de la defensa de los derechos de la nación.

3. El operativo que en distintos ámbitos se enmarca dentro de las iniciativas coordinadas desde Bucareli por el gallego Juan Camilo Mouriño, hombre de confianza del Partido Popular español, tiene también a todas luces un objetivo electoral con vistas a 2009 y sobre todo a 2012, como toda la supuesta estrategia del shock, que pretende atemorizar a los mexicanos y presentar a las autoridades ilegítimas como la única vía para alcanzar la seguridad. Sigue leyendo

febrero 03, 2008

Jaime Avilés - Vender PEMEX

Desfiladero

Jaime Avilés
jamastu@gmail.com

Vender Pemex

¿Traición a la patria o suicidio político?

La pierna de Zavaleta: el Poder Leg...

Calderón-Mouriño, una pareja sin coartada


Viajo por la ciudad en motocicleta y entre los destellos que emiten las bardas, los coches, las casas, las plantas –células multicolores que vibran a mi paso–, leo las cabezas de los periódicos: “Ruth sepulta a AMLO”–“Buscapleitos de taberna”–“AMLO, misógino”–“Creí que era estadista”, y mientras tanto, en los audífonos de mi Ipod aumenta la gritería de los loros radiales que repiten el mismo discurso en todas las estaciones, aunque sólo capto palabras inconexas: “Mouriño”–“la pierna”–“mi función como presidenta”–“López Obrador”–“políticamente hablando”–“es igualito a Chávez”–“Zavaleta representa al Poder Leg…”.

Una gigantesca manifestación campesina demanda, en Reforma, la caída del secretario de Agricultura, pero las hordas electrónicas de la derecha golpista izan como bandera la pierna de Ruth Zavaleta para declamar de nuevo su aborrecimiento a López Obrador. ¿A qué viene tanto encono? ¿A qué, el afán de volver a quemarlo en leña verde, como lo intentaron en 2006, a raíz del célebre “cállate, chachalaca”? ¿Será porque en este caso chachalaca y Zavaleta son sinónimos de traición a las aspiraciones democráticas de los electores? ¿O porque Andrés Manuel continúa organizando al pueblo, cada día con más éxito, para impedir la privatización de Pemex?

Hay argumentos muy sólidos para creer que la verdadera razón de ser de este nuevo escándalo –otra simple cortina de ruido, a falta de humo– es en realidad muy otra. Hace dos semanas, la pareja presidencial que integran Felipe Calderón y Juan Camilo Mouriño tenía todo listo para consumar la privatización de Pemex: estaban hechos todos los amarres necesarios con el PAN (para eso pusieron allí a Germán Martínez), con el PRI (para eso la Corte exoneró al góber precioso e, implícitamente, a los amigos de Succar Kuri en Yucatán, Veracruz y Quintana Roo, léase Emilio Gamboa y Miguel Angel Yunes, entre otros).

Asimismo, había hablado lo pertinente con los Chuchos del PRD (en especial con Jesús Ortega, Víctor Hugo Círigo y Ruth Zavaleta), e incluso con uno de los hombres más cercanos a López Obrador (o sea, con Manuel Camacho, que iba a ser designado como nuevo coordinador del Frente Amplio Progresista, en sustitución de Ortega, pero tuvo a bien reunirse cinco horas en privado con Mouriño y… perdió el nombramiento, que al final recaería en Porfirio Muñoz Ledo).

Hasta allí, todo iba de lo más bien. No por nada, al oír los primeros truenos producidos por los negros nubarrones que flotan sobre las finanzas de Estados Unidos, Calderón quiso agarrarle la pierna –políticamente hablando, claro– a todo el país, para comunicarle la excitación que le causaban de antemano los contratiempos que sufriríamos debido a la inminente crisis económica de nuestros vecinos del norte. Era obvio que necesitaba restarle importancia a tamaño contratiempo para que éste no entorpeciera la venta de Pemex. Era, en otras palabras, una carrera contra el reloj. Había que cerrar la operación antes de que estallara el cuete. Ya después lo demás sería lo de menos.
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