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enero 27, 2010

La barbarie del gobierno de Felipe Calderón

La barbarie del gobierno de Felipe Calderón

Raúl Abraham López Martínez

Rebelión


Bajo ninguna circunstancia hay que dejar en el olvido que Felipe Calderón llegó a ocupar la residencia de Los Pinos carente de legitimidad alguna. Por más que se empeñen sus aliados mediáticos (principalmente Televisa y Tv Azteca), por revestir de una artificial legitimidad a este gobierno, es imposible modificar el rumbo de los acontecimientos históricos.

Esta ausencia de legitimidad de un gobierno emanado del Partido Acción Nacional, tiene como su punto de partida la cerrazón de garantizar a los ciudadanos la transparencia electoral de la votación supuestamente registrada a favor del “presidente del empleo”.


Al negarse el panismo a aceptar al recuento voto por voto, ellos mismos se condenaron a instaurarse en la sombra de un gobierno que no es reconocido por un amplio conjunto de la población.


¿Por qué el panismo encabezado por Felipe Calderón y Vicente Fox no aceptaron ir al recuento de los votos?


Soberbios como son los panistas, Calderón decidió desdeñar el reclamo ciudadano de transparencia electoral y optó por llegar al poder de una manera autoritaria recurriendo a la fuerza pública y a sus aliados mediáticos para protegerse del descontento social y amedrentar a las fuerzas sociales en su reclamo de consolidación democrática.


A tres años de la llegada al poder de quien fuera el pupilo de Castillo Peraza, Felipe no ha logrado remontar los señalamientos de falta de legitimidad hacia el cargo que se dice ostentar.


De nada le ha servido al gobierno federal, promover un falaz estado de guerra en contra del narcotráfico para tratar de aminorar a sus críticos.


La legitimidad que los panistas no lograron ganar en el marco de un proceso electoral queda claro que no la van poder obtener recurriendo a otros medios.


Esta situación política ha colocado al país a expensas de un gobierno que ha hecho de la represión su forma peculiar de enfrentar los problemas políticos y sociales.


La respuesta que ha recibido el SME “liquídense y luego negociamos”, resume de manera tajante un estilo de gobernar que no le apuesta al diseño de los acuerdos para dirimir los conflictos.


Como si se tratara de una versión del siglo XXI del porfiriato, México se encuentra inmerso en un escenario caótico promovido por un gobernante ilegitimo seguido de los impactos de décadas de políticas económicas de corte neoliberal.


La ola de crímenes, violencia, y asaltos que se han desatado en los años recientes, muestran el punto de quiebre de un rebasado consenso social en el que ha prevalecido el agandalle de las élites empresariales y políticas para saciar en primer término sus propios intereses y el pueblo que se chingue.


Hay que agradecerle a Felipe Calderón Hinojosa por promover la barbarie como elemento distintivo del cargo que se dice desempeñar, sin lugar a dudas los más de 50 millones de mexicanos que se encuentran en condiciones de pobreza y pobreza extrema se lo están agradeciendo en este momento, al igual que los miles de jóvenes que carecen de la oportunidad de estudiar o trabajar, de los trabajadores que son explotados en los reductos del aparato productivo y en las empresas de servicios, los que se encuentran en la cárcel debido al robo famélico también le están dando las gracias a Felipe, los jóvenes soldados que han sido orillados a robar, violar y a matar en nombre de una guerra que no es suya estoy seguro que también se lo están agradeciendo.


Barbarie: es la palabra que define a este gobierno.

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