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diciembre 05, 2017

El huevo de la serpiente


Carlos Fazio

Finalmente, el poder militar terminó por doblegar a su mando civil. Por miedo o cobardía, Enrique Peña Nieto terminó cediendo de manera voluntaria el poder civil al castrense. Volvió legal lo que ningún presidente civil había permitido en el México posrevolucionario por los peligros que entraña. Aunque en rigor, con la imperiosa necesidad manifestada al impulsar una ley que busca amparar la actividad anticonstitucional de las fuerzas armadas en materia de seguridad pública, buscaba protegerse a sí mismo.

La hora es difícil y sombría. Después de dos años de un pertinaz activismo político-deliberativo salpicado de chantajes, mentiras y de una propaganda demagógica a contrapelo de la Constitución y los tratados internacionales suscritos por México, los mandos militares impusieron su ley. Seguirán afuera de los cuarteles de manera indefinida, sin contrapesos institucionales y sin transparentar o rendir cuentas a nadie, con lo que se profundizará la estrategia de (in)seguridad militarizada diseñada por el Pentágono en el marco de la Iniciativa Mérida, que ha derivado en una catástrofe humanitaria con su cauda de torturas, ejecuciones sumarias extrajudiciales, desapariciones forzadas de personas y desplazamiento de población.

En lo que podría configurar un virtual golpe de Estado técnico, la aprobación por el Senado de la llamada ley de seguridad interior convertiría lo que hace 11 años Felipe Calderón promovió falsamente como una medida excepcional de carácter emergente y temporal, en la “petrificación de un statu quo” (Jan Jarab, comisionado de Derechos Humanos de la ONU, dixit) signado por una violencia estatal sin límites. Y así como el régimen anterior vivió bajo una forma de emergencia de lo permanente, ahora, con la nueva ley, la excepción se volverá regla.

Ese es el quid de la cuestión: la ley de seguridad interior busca dar protección jurídica a aquello que los militares han venido haciendo de manera irregular y extralegal. La exigencia de los mandos de regular el uso de la fuerza de unas instituciones armadas preparadas para exterminar al enemigo, busca constitucionalizar esa práctica; sólo que ninguna ley permite torturar, matar o desaparecer personas. Pero además, ahora, bajo presión castrense, la aprobación senatorial de la iniciativa de un Presidente frívolo y pusilánime, darán al Ejército y a la Marina atribuciones que no deberían tener (máxime sin una declaración de guerra): tareas de investigación, persecución de delitos, control social o espionaje sobre la población y represión. Se legalizará, pues, la claudicación de los poderes civiles frente a la casta militar. Mala cosa.

Como en la metáfora del huevo de la serpiente del clásico filme de Bergman, a través de la membrana del actual régimen de dominación cualquiera puede ver el futuro: ante la agudización de la guerra de clases (Warren Buffett dixit) y la actual insurgencia plutocrática (Thomas Bunker) disciplinadora y depredadora; en la antesala de un año electoral y con la intención manifiesta de los poderes fácticos de imponer como sea al débil y dócil tecnoburócrata del bunker neoliberal José Antonio Meade, se incuba en México un bordaberrazo o fujimorazo. Un régimen arbitrario y despótico de corte cívico-militar, como los encarnados por Juan María Bordaberry y Alberto Fujimori en Uruguay y Perú, en décadas pasadas (ambos terminaron en la cárcel), donde la suspensión de garantías individuales podrá ser aplicada de manera discrecional por el presidente de turno con respaldo militar, y en el cual sus guardias pretorianas −al amparo de una renovada doctrina de seguridad nacional que define al enemigo interno− seguirán actuando por razones geopolíticas como un Ejército de ocupación (nativo) de su propio país, en acatamiento y tácita sumisión a las directivas emanadas desde Pentágono vía la Iniciativa Mérida.

Las ambigüedades de la ley, incluidas las imprecisiones conceptuales que surgen de mezclar la seguridad nacional con la seguridad interior, encarnan potenciales riesgos. En el contexto de la seguridad nacional −y con el artificioso truco legal de que sus acciones no serán de seguridad pública, sino de seguridad interior−, la imposición de una reserva de hasta por 20 años sobre la recolección de datos (de inteligencia) que se generen con motivo de la aplicación de la ley (que incluirán la intervención telefónica, de computadoras, correos electrónicos y correspondencia), hará nugatoria cualquier expectativa de transparencia y rendición de cuentas.

Asimismo, la ley va contra las víctimas y el acceso a la justicia, y está diseñada para dificultar litigar en instancias internacionales. Argumentando razones de seguridad nacional, la Sedena y la Semar van a negar cualquier información sobre sistemáticas prácticas ilegales (torturas) o despliegues castrenses que involucren violaciones a derechos humanos −con alto índice de letalidad o no−, que no se podrán documentar, perpetuándose así la actual impunidad y la repetición de crímenes de lesa humanidad de factura militar.

Desde 2006, al aplicar las directivas encubiertas de Estados Unidos, el Estado mexicano abandonó y obstaculizó de manera deliberada las tareas de seguridad pública o ciudadana, que en términos del artículo 21 Constitucional corresponden de manera exclusiva a las policías civiles. La militarización de la seguridad y la sociedad mexicana responde a la agenda geopolítica de Washington; no se trató de una estrategia fallida: era previsible que a mayor militarización, mayor violencia; 2017 fue un año trágico. Peña Nieto rompió récords históricos en materia de desapariciones y homicidios dolosos. Pero este año marcó también la mayor asociación clientelar y sumisa de los responsables de las fuerzas armadas locales al Pentágono y la administración Trump.

Un viejo apotegma dice que las bayonetas sirven para todo menos para sentarse sobre ellas. Peña Nieto debería saberlo; la manada legislativa también. Gedeón lo sabía: en la violencia prosperan y se consolidan los más fuertes…


julio 12, 2010

Dominación de espectro completo

Dominación de espectro completo

Carlos Fazio

En el marco de un amplio y continuado proceso de reingeniería militar y social que abarca a varios países del subcontinente latinoamericano, la administración Obama-Clinton consolida su escalada guerrerista en la región, enviando ahora 13 mil 329 soldados y civiles a la pacífica Costa Rica. En días pasados, la aprobación por la Asamblea Legislativa costarricense, dominada por una alianza de derecha, de la llegada de soldados del Pentágono al país, vino a consolidar el corredor militarista conformado por la dupla contrainsurgente Colombia-México, que había sido reforzado con el golpe de Estado cívico-militar en Honduras en 2009, la instalación de siete bases en territorio colombiano, la ocupación humanitaria de Haití y el emplazamiento de cuatro nuevas posiciones castrenses en Panamá.

La virtual anexión de México y la reconquista de Centro y Sudamérica forma parte de un vasto y larvado proceso de control de poblaciones, que se combina con la ocupación, cuadriculación y ordenamiento integral de territorios, y una refuncionalización de espacios geoestratégicos altamente rentables desde la óptica del gran capital (vía megaproyectos que abarcan cuencas de grandes ríos, acuíferos, corredores biológicos, hidrovías, carreteras, ferrocarriles, materias primas, cables de fibra óptica, etcétera), que arrancó de manera temprana con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994), siguió a comienzos del siglo XXI con el lanzamiento del Plan Colombia, el Plan Puebla Panamá y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y que en su fase más cercana abarca a la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN o TLC militarizado, 2005) y la Iniciativa Mérida (2007).

Tras el fin de la guerra fría y la autodisolución de la Unión Soviética en 1989, la Casa Banca modificó sus concepciones sobre el enemigo y las hipótesis de conflicto. Desde el punto de vista militar, en los espacios de la periferia la nueva estrategia de dominación pos-Panamá (donde por medio siglo estuvo instalada la sede del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos hasta 1999) está basada en la guerra asimétrica, una forma de conflicto irregular contra no-Estados (o enemigos ubicados en países denominados por Washington como Estados fallidos), sin restricciones de fronteras y donde desaparecen o se hacen difusas las reglas de juego y los códigos internacionales que regulan los conflictos bélicos y los derechos humanos. Países sumidos en el caos y la desestabilización, donde aparecen –como sucedió antes en Colombia y ocurre ahora en México– la tercerización y las redes de outsourcing, bajo la forma encubierta de cuerpos de seguridad privados subcontratados por la Defensa estadunidense para realizar tareas propias de la guerra sucia (mercenarios, grupos paramilitares, escuadrones de la muerte y de limpieza social), en el marco de una militarización exacerbada de sociedades enteras, merced a una dramatización propagandística de nuevas amenazas, lo que en el caso mexicano cobró vida con la guerra de Felipe Calderón contra algunos cárteles de la economía criminal previamente seleccionados, que en la coyuntura operan como enemigos asimétricos asimilados al terrorismo (narcoterrorismo), funcionales al nuevo modelo de dominación en ciernes.

Todo ello, con la consiguiente cesión de autodeterminación y soberanía nacional, incluidas las labores de inteligencia y control migratorio (tras la imposición de las míticas fronteras inteligentes del TLC plus), que han quedado bajo control directo y en tiempo real de organismos de seguridad estadunidenses, que operan en territorio mexicano. En ese contexto, bajo la excusa de fortalecer la capacidad militar para combatir al narcotráfico y establecer una relación duradera para cooperar en futuros aspectos de seguridad mutua, miembros del Ejército y la Marina de Guerra de México están siendo entrenados en el Comando Norte de Estados Unidos en programas de contrainsurgencia aplicados en Irak y Afganistán, experimentados antes en Colombia.

Según el nuevo jefe del Comando Norte, James Winnefeld, su prioridad número uno será la asociación con México, país donde, dijo, existe un enemigo interno que vive entre los civiles. Dado que el nuevo tipo de guerra irregular es altamente violatorio de las leyes que regulan los conflictos bélicos y los derechos humanos (como está comprobado en Colombia, Afganistán, Irak y Ciudad Juárez), el curso abarca talleres y conferencias para integrar a la currícula de litigantes militares mexicanos. En un país que vive un incipiente proceso de afganización (o colombianización, Calderón dixit), la tácita equiparación de los cárteles de la drogas con los talibanes afganos, hace prever una acentuación de tácticas bélicas irregulares (la contrainsurgencia clásica renovada), lo que a la postre derivará, como en Colombia, en una intervención y ocupación militar estadunidense del territorio nacional.

En abono de lo anterior, organismos estadunidenses, como la Oficina en Washington para América Latina (WOLA) y el Centro para Política Internacional (CIP), han señalado que la administración Obama-Clinton continúa con la tendencia a la militarización de la era Bush y concede atención insuficiente a los derechos humanos. Según WOLA, este año 47 por ciento de los 3 mil millones de dólares de ayuda estadunidense a América Latina se destina a fuerzas militares o policiales, la mayor proporción en una década. Si a ello se le suma el relanzamiento de la IV Flota del Pentágono en las aguas azules y marrones del Hemisferio Occidental, las bases en Colombia y Panamá, el golpe en Honduras, la ocupación de Haití, la guerra irregular urbana en Ciudad Juárez y la llegada ahora de los marines a Costa Rica, la dominación de espectro completo se consolida en el eje conservador dependiente México-Colombia.

marzo 21, 2009

LA ANDANADA

¿A qué viene Obama a México?

¿Acaso vendrá para acelerar la entrega de nuestros recursos naturales (como el petróleo), a las trasnacionales norteamericanas?


La llamada "guerra contra el narcotráfico" es el gran pretexto buscado por Felipe Calderón para provocar una intervención más directa de los Estados Unidos en nuestro país. Por eso el fraude electoral de 2006. Se requería tener instalado como "presidente" a un pelele antipatriota como lo es Felipe Calderón, para facilitarle la cosas a quienes codician apropiarse de las riquezas nacionales.

Pero, sin embargo, se equivocan los que piensan que los mexicanos no tenemos otra opción que la de quedarnos de brazos cruzados.



La andanada

Luis Javier Garrido

El gobierno ilegítimo panista está ofreciendo mayores concesiones a Washington a cambio de obtener su ayuda para sortear la crítica situación por la que atraviesa: a entregar recursos de la nación y atribuciones del Estado a cambio de beneficios privados.

1. La reformulación de la estrategia estadunidense de dominación sobre México anunciada por la administración Obama para sustituir a la llamada Iniciativa Mérida, y que está ahora definiéndose en el Pentágono y el Departamento de Estado, amenaza con abrir nuevas vías para el control estadunidense de México por la actitud cada vez más entreguista del gobierno de facto de Calderón, empeñado en ofrecerlo todo con tal de que el nuevo equipo de la Casa Blanca considere como prioritario ayudar al PAN a mantenerse en el poder, lo que cristalizaría en la visita del nuevo presidente estadunidense a México en abril.

2. La situación de México es cada vez más crítica antes de cumplirse el tercer año del gobierno ilegítimo, según coinciden los análisis hechos por el gran capital privado –como el de Bancomer, del que ayer daba cuenta La Jornada–, pero Felipe Calderón, absolutamente de espaldas al pueblo de México, sigue insistiendo en su misma actitud de indolencia entreguista, sin darse cuenta de que lo están desaprobando no sólo la mayoría de los mexicanos, empobrecidos cada vez más en estos años, sino también aquellos a quienes en su estulticia pretende estar beneficiando.

3. El país está perplejo además tanto por el abandono que manifiesta el equipo calderoniano de sus responsabilidades constitucionales como por la ferocidad con la que está entregado a la corrupción. Mientras los responsables políticos del PAN tratan de ocultar sus vínculos evidentes con el narcopoder y de hacer creer que sólo el PRI está relacionado con los cárteles, Calderón y sus amigos siguen haciendo con las trasnacionales escandalosos negocios ilícitos en materia petrolera, como lo señaló Andrés Manuel López Obrador. Sigue leyendo

diciembre 09, 2007

Lorenzo Meyer - La Iniciativa Mérida ¿un pequeño Maclane-Ocampo?

La ‘Iniciativa Mérida’ ¿un pequeño Maclane-Ocampo?


Lorenzo Meyer

AGENDA CIUDADANA


Tenía Razón. Pese a toda la evidencia que se acumuló y al informe que se presentó, pese a la lógica y al sentido común, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidió que el gobernador de Puebla, Mario Marín, nunca conspiró con el empresario Kamel Nacif para violar los derechos de la periodista Lydia Cacho y, en todo caso, nunca se afectaron los derechos de la autora de Los demonios del edén de manera grave. Mucho se puede y se debe decir en torno a la posición asumida por la SCJN, pero una cosa ha quedado clara: Andrés Manuel López Obrador tenía razón cuando propuso mandar al diablo al tipo de instituciones que se comportan como la SCJN. Y es que se mantiene el carácter corrupto y autoritario que adquirieron las estructuras políticas, legales, económicas o educativas bajo el priismo. Y es eso lo que está dando la tónica del actual tiempo mexicano.

A Propósito de la Deficiencia Institucional. Según The Washington Post, (18, noviembre, 2007), al examinar la llamada “Iniciativa Mérida” (IM) el Gobierno de George W. Bush descubrió un mundo de posibilidades en México: encontró que el acuerdo que le ofrece Felipe Calderón para intercambiar ayuda por cooperación para la seguridad fronteriza, puede permitir a Estados Unidos intentar una operación de ingeniería jurídica y policiaca que le permita reconstruir (revamping) el sistema legal mexicano. De la respuesta que está dando el Departamento de Estado, el Congreso y los medios norteamericanos a la propuesta mexicana, se puede deducir que el vecino del norte pretende aprovechar la coyuntura –la violencia, el narcotráfico y el desprestigio del sistema de justicia mexicano- para intervenir en el rediseño de las instituciones mexicanas y reforzar su política de seguridad. Leer más