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Ante el cerco informativo, cada uno de nosotros será un medio de información. Ante el engaño y la manipulación nos haremos cargo de abrirle paso a la verdad.






mayo 06, 2010

Lo medios o el horror banalizado

Los medios o el horror banalizado

Javier Sicilia en Proceso

MÉXICO, D.F., 19 de abril.- En La tentación de la inocencia, Pascal Bruckner nos recuerda que la información y la verdad eran generalmente conocidas bajo la forma de revelaciones –es decir, develamientos, investigaciones o denuncias– y que el impacto que nos producían “provenía de la inmensa ignominia repentinamente destapada”.

Esta forma del develamiento –que en México nos recuerda escritos y experiencias de Graham Green, Julio Scherer, Monsiváis, Poniatowska y el subcomandante Marcos– seguirá existiendo porque las tiranías y los poderes mantendrán siempre en secreto sus crímenes. Sin embargo, con el desarrollo de los medios de comunicación y de la libertad de información, advierte Bruckner, se ha establecido “el reino de la sobreexposición, generador a la vez de equivalencia y de costumbre”.


En efecto, cuando Calderón desató la guerra contra el crimen organizado, los secuestrados y asesinados, los torturados y descabezados surgían en la pantalla y en los periódicos causando conmociones. La adrenalina nos ponía en estado de vértigo, alteraba nuestra percepción y nos hería e indignaba el ultraje. Desde entonces, bajo el peso de la absurdidad de esa guerra y del requisito mediático de información y originalidad, la vertiginosidad de ese tipo de noticias no ha dejado de sucederse, pero a ella se suma la vertiginosidad de otras que disipan el espanto.


No bien miramos el horror del día cuando al punto aparecen otras tomas que lo velan: los cuerpos de los estudiantes asesinados en Ciudad Juárez desaparecen inmediatamente bajo un río de noticias, de anuncios y de programas insulsos. Aún no hemos acabado de digerir esas tragedias cuando otros horrores, con sus dosis de comerciales y programas insustanciales, sustituyen a los anteriores. A los estudiantes de Ciudad Juárez suceden los del Tec de Monterrey; a los descuartizados de tal estado, el asalto a la guarida de Beltrán Leyva; a éste, la bala en el cráneo de Cabañas; a ésta, el reality show de la familia Gebara Farah, y a ésta los colgados y baleados de Morelos… “Servidas en rachas desvinculadas entre sí –explica Bruckner–, crueldades y futilezas se suceden formando una guirnalda barroca que las nivela y las anula”. Frente a la vejez y el olvido del episodio de ayer, la novedad horrible y sin esfuerzo del de hoy.


La consecuencia es la banalización del espanto. Si hace años bastaba un spot televisivo para sensibilizar nuestra conciencia y movilizarnos, hoy la saturación del horror y del divertimiento la estancan. De ese modo saturados, los seres humanos nos volvemos voyeuristas, espectadores de pornografía con derecho a mirar todo y a regodearnos –como en el caso de la niña Paulette– en la indiscreción del objetivo. Multiplicadas hasta lo insoportable, tomas, fotografías y reportajes de asesinatos, torturas, muertes y catástrofes, acompañadas de publicidad, shows y comedias, generan un saldo que, al final de la jornada, es la apatía, la monótona inalterabilidad del infierno.


La exhibición del horror, junto a la exhibición de la diversión, lejos de conmocionar, favorecen la parálisis. No la del miedo, sino la del aplastamiento. ¿Cómo asumir todas esas tragedias y responder a ellas en medio de una orgía de esparcimiento y consumo? Todas esas víctimas de una época enferma que, al parejo del jolgorio mediático, irrumpen en nuestras vidas, “nos sobrepasan –vuelvo a Bruckner– con su profusión y su diversidad (y nos gritan en la) lengua (…) de la conciencia un ultimátum terrible: ‘ocúpense de nosotros’”. Su efecto, sin embargo, frente a la desproporción de la tarea, es, como digo, el aplastamiento. Más allá de la vergüenza, de los restos de indignación que nos quedan –y que surgen intermitentes entre la escena horrible y el anuncio del coche, de la tarjeta de crédito, de la crema antiarrugas–, no sabemos qué hacer frente a esos dramas cuya desproporción supera nuestra capacidad de respuesta.


Pareciera que los medios de comunicación, por una paradoja perversa de la libertad, lejos de denunciar lo terrible de un gobierno que no sabe poner orden en su casa y pretende controlarnos con el miedo y el estado de excepción, se sumaran a él en su sobreexposición del mal y de la diversión. La presencia inmediata de cada individuo en las desgracias de nuestro entorno y en las festividades del mercado conduce directamente a la inercia y a la aceptación bovina de la policía y del Ejército en las calles. Lejos de movilizarnos, los medios logran lo que el gobierno y el crimen desean: abatirnos en un estado de catástrofe permanente y en la aceptación de que el mal sólo se combate con otro mal: el incremento de los cuerpos de seguridad.


¿Tendrían que callarse? Más bien tendrían el deber de canalizar la indignación, de abrir la puerta angosta de la resistencia. El derecho a la información tiene que ir acompañado del deber de rechazar el terror, la guerra y el miedo como métodos de gobierno y de vida civil. Pero habría que preguntarse: ¿Hay todavía en el grueso de los medios de comunicación una ambición civilizadora, o lo único que les interesa es preservarse, como nuestros gobiernos, mediante la sobreexplotación del horror y de la diversión?


Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca.

mayo 05, 2010

Video: AMLO en el Foro Social Mundial

Video: A no dejar solos a los trabajadores del SME llama López Obrador durante su participación en el Foro Social Mundial celebrado en el Zócalo capitalino
(3 de mayo, 2010)



mayo 03, 2010

AMLO: una infamia el despido de 44 mil trabajadores

Califica AMLO como una infamia el despido injustificado de alrededor de 44 mil trabajadores electricistas

Xicotepec, Puebla

Sábado 01 de mayo de 2010

* Explica que es parte de de un plan del gobierno espurio de Felipe Calderón para privatizar el sector eléctrico


* Denuncia que el gobierno calderonista pretende entregar el tendido de fibra óptica a Televisa y la española Telefónica.


En el Día del Trabajo, Andrés Manuel López Obrador calificó como una infamia el despido injustificado de aproximadamente 44 mil trabajadores electricistas, como parte de un plan del gobierno espurio de Felipe Calderón para privatizar el sector eléctrico y entregar el tendido de fibra óptica a Televisa y la española Telefónica.

Para justificar el cierre de la empresa pública Luz y Fuerza del Centro, en octubre del año pasado, Calderón recurrió a una mentira y calificó de ineficiente a la planta laboral, cuando la intención real es continuar con el proceso privatizador de la industria eléctrica.

Ahora que el presidente espurio lanzó a la calle a 44 mil electricistas se alista a depositar en manos de Televisa y Telefónica, cuyo director en México es Francisco Gil Díaz, secretario de Hacienda del ex presidente Vicente Fox, la red de 26 mil kilómetros de fibra óptica, que se utiliza para la transmisión de señales de televisión, teléfono e internet, en donde se invirtieron fondos públicos por 30 mil millones de pesos, denunció.

Durante la reunión de evaluación con integrantes de los comités municipales de la Sierra Norte de Puebla, el presidente legítimo de México dijo que las injusticias están a la orden del día y destacó que la situación nacional no mejorará si se espera un cambio de arriba hacia abajo.

La transformación real del país y sus instituciones surgirá de abajo hacia arriba, con la participación de millones de ciudadanos libres, por la vía pacífica y electoral, pero con una revolución de las conciencias, aclaró al informar que el movimiento que encabeza se ha convertido en la fuerza más importante a nivel nacional, con el mayor número de integrantes.

Ante más de 500 representantes de 24 comités territoriales y 10 municipales de la región, dio a conocer las tres principales tareas a seguir: Crear un mayor número de comités, inscribir a más representantes del Gobierno Legítimo y repartir casa por casa los ejemplares del periódico Regeneración, para romper el cerco informativo y transmitir a la población las causas reales de la actual crisis económica, política y social.

Dejó en claro que la mayoría de los medios de comunicación no dan cuenta de la situación real que impera en el país ni de los responsables de la debacle nacional, porque en su mayoría son controlados o son propiedad de los 30 barones del dinero, quienes deciden qué se informa a la población y se encargan de administrar la ignorancia de la gente.

Para colmo, abundó, el 75 por ciento de los mexicanos se informa a través de la televisión, cuyo monopolio recae en Televisa y entre los dueños de dicha empresa se encuentran Claudio X. González, promotor de la guerra sucia en contra de López Obrador en 2006, así como Germán Larrea, uno de los hombres más ricos de México, y Pedro Aspe, ex secretario de Hacienda durante la administración salinista.

Al expresar su rechazo a cualquier alianza electoral del PRD, PT y Convergencia con el PRI o el PAN, los partidos de la derecha, que representan los intereses de los potentados, López Obrador afirmó que a la mafia de la política, del poder y del dinero ya no le sirve Felipe Calderón, quien “está hecho un trapeador”, y ya todos lo ningunean, hasta aquellos que hace poco tiempo le quemaban incienso.

Los barones del dinero iniciaron una operación de recambio, con el PRI y el gobernador mexiquense Enrique Peña a la cabeza, con la deliberada intención de aparentar un cambio, señaló.

Luego expresó que se mantiene como militante del PRD y aclaró que su imagen sólo aparece en mensajes de televisión con el logotipo del PT, porque es la única fuerza política que le cedió sus tiempos oficiales en la pantalla chica.

BBC Mundo: ¿Cuál es el verdadero impacto de un derrame de petróleo?


Las autoridades estadounidenses debaten en estos días cómo poner freno al derrame de petróleo que comenzó la semana pasada en el Golfo de México, cuando se hundió la plataforma de perforación Deepwater Horizon.

Si bien aún es temprano para calcular el impacto ambiental de este accidente, muchos creen que podría tratarse de uno de los peores desastres ecológicos en Estados Unidos.

Para tratar de entender el daño que éste y otros derrames de crudo pueden ocasionar en el medio ambiente, BBC Mundo conversó con Ricardo Aguilar, Director de Investigación de Oceana Europa, una organización que trabaja en la protección y recuperación de los océanos del mundo.

¿Qué daños concretos causa un derrame de petróleo en el medio ambiente?

El impacto que causa de forma inmediata es que crea una película sobre la superficie marina que impide la entrada de la luz en el agua. Dentro del ecosistema marino hay diferentes especies, como es el caso de las algas, que necesitan la llegada de la luz para poder realizar la fotosíntesis. Si esto no ocurre, muchas de ellas pueden morir.

Después, tiene lugar una contaminación aguda, que puede llevar incluso a la muerte de muchos organismos, porque los contaminantes de los compuestos del crudo son tremendamente tóxicos.

A más largo plazo, el derrame provoca años en el sistema reproductivo y de alimentación de todos los organismos del ecosistema marino. Leer más


Ve las 32 fotografías tomadas en el lugar del derrame en el Golfo de México, frente a las costas de Louisiana